
Me cuenta mi amigo Alberto que no terminará su novela hasta que pueda titularla Morcila de Burgos. Me dice que ningún otro titulo le sirve, que no hay un título peor. Tiene que ser una novela tan buena, me dice, que pueda soportar Morcilla de Burgos por título. ¿Se te ocurre algún título peor? Me pregunta con los ojos muy abiertos, y de no conocerle, diría que tiene la clara intención de saltar sobre mi para darme un mordisco en la cara. No, ninguno, contesto. Tú no te cortes, si se te ocurre alguno peor, dímelo. Dímelo sin miedo, me dice con los ojos muy abiertos y como si fuera a echárseme encima.
Te imaginas, insiste, una novela tan brillante que reúna a todos los lectores del mundo bajo un título tan horrible. Sabes cómo se dice Morcilla de Burgos en Alemania. Ni idea, Alberto. Se dice pudding von Burgos, pudding von Burgos, es el único idioma en el que me suena bien. Pudding von Burgos.
Cuando alguno de los aprendices que nos escucha se levanta y pregunta a mi amigo Alberto sobre los críticos, siempre hay algún aprendiz que se preocupa de estas cosas y le pregunta a mi amigo Alberto si no le preocupa que los críticos encuentren en el título de su obra maestra una fuente inagotable de ingeniosidades para tratar sobre su contenido.
Te imaginas, insiste, una novela tan brillante que reúna a todos los lectores del mundo bajo un título tan horrible. Sabes cómo se dice Morcilla de Burgos en Alemania. Ni idea, Alberto. Se dice pudding von Burgos, pudding von Burgos, es el único idioma en el que me suena bien. Pudding von Burgos.
Cuando alguno de los aprendices que nos escucha se levanta y pregunta a mi amigo Alberto sobre los críticos, siempre hay algún aprendiz que se preocupa de estas cosas y le pregunta a mi amigo Alberto si no le preocupa que los críticos encuentren en el título de su obra maestra una fuente inagotable de ingeniosidades para tratar sobre su contenido.
Mi amigo Alberto responde que, Morcilla de Burgos es una novela tan brillante que cualquiera que se ría de ella se estará suicidando intelectualmente. Se lo digo yo, dice, pero no como autor de Morcilla de Burgos, se lo digo como el crítico más viejo de la Academia. Así se lo digo.
Así habla mi amigo Alberto que sigue empeñado en enseñarme a hablar en alemán. Ya he aprendido a decir feliz cumpleaños. Glücklicher Geburtstag zu Ihnen, Alberto.